viernes, 20 de marzo de 2015
Abrumado en el silencio
Por más que en este preciso instante me encuentre exageradamente cómodo y feliz, soy de esos tipos que se autoanalizan desmedidamente. Por mi naturaleza, no puedo dejar de observar patrones en las cosas, actitudes, sentimientos, y sobre todo si el observado soy yo mismo. El patrón que he notado últimamente tiene mucho que ver con el título de la nota y sinceramente es algo que me da mucha curiosidad.
Una vida tranquila, mucha distensión, música por doquier, amigos, pareciera ser el estereotipo de felicidad más tolerado por la sociedad actual. Sin embargo en los momentos en los que alcanzo ese supuesto ideal siento que algo no va bien. No suelo sentirme cómodo. Crecí con una vida fácil en cuanto a preocupaciones pero cuando me llegó la madurez tuve que enfrentarme a miles de cosas que ahora podía entender, y desde ahí no hay absolutamente nada que pueda lograr sin batallar duro. Soy un tipo acostumbrado a pelear, a pensar, a armar una nueva estrategia frente a cada nuevo desafío. Mi estado natural cambió, pasé directamente a adoptar a los problemas como mi hábitat y cuando llego a un estado de tranquilidad se me presentan dos grandes problemas. El primero es dudar, "¿realmente será posible estar tranquilo? No, es una trampa. No depongas las armas". El segundo, una vez superado el primero... es el aburrimiento. Me siento un turista de visita en la calma, la disfruto demasiado si me quedo en ella por un rato o por unos días. Si la estadía se hace larga, no veo la hora de volver a mi lugar. Quizás es paranoia, quizás es memoria. Cada vez que me sentí en calma, algo la interrumpió. Pero no soy un renegado de la vida ni nada parecido, entiendo que así es el mecanismo de la existencia, y trato de disfrutar cada momento sea tranquilo o turbulento.
Adentrándome un poco más en mis nebulosos pensamientos, descubro que tal vez prefiero ser así. ¿Por qué? Porque sinceramente me resulta intolerable estar tranquilo e inocuo mientras exista tantos asuntos a atender en el mundo, y sobre todo, tanta gente viviendo grandezas materiales a costas del sufrimiento y hasta de la vida de otros. Me enferma saber que la corrupción es tan grande y seductora que el que no cae en ella hoy en día es catalogado de boludo. Me supera la cantidad de hechos ocultados por los medios masivos (sea cual fuere su orientación política). Me abruma la cantidad de cosas que pasan en nuestras narices y que simplemente hacemos de cuenta que no pasan. Juegan, se divierten y enriquecen a costas nuestras y simplemente callamos y reímos de sinsentidos expuestos en canales de TV populares. Laboratorios cajoneando investigaciones sobre curas económicas para enfermedades terminales, liberando virus y luego vendiendo la cura. Falsas pandemias exageradas en televisión, para ocultar macabras acciones como todo la invasión de un pueblo. Falsa independencia de pequeñas naciones que deben rendir tributo a su invasor, mientras éste les impone su cultura, su sistema educativo, y sobre todo la pobreza. Son algunos ejemplos de cosas que hoy en día siguen pasando. La respuesta típica: el silencio. El grueso de la sociedad occidental responde a esto con cosas como "y bueno son cosas que pasan" o "es todo mentira". Se niega todo, y así se sigue viviendo tranquilo.
Por todo lo dicho y más, no puedo tolerar la despreocupación y el hacer como si todo estuviera bien. Me molestan los que callan. No acepto el silencio. Me abruma el silencio y jamás voy a ser cómplice de él.
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